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Carthagineses y Romanos 2026 en Cartagena: fechas, actos y el regreso del gran circo

8 de agosto de 2026 · Sebas Fernández

Carthagineses y Romanos 2026 en Cartagena: fechas, actos y el regreso del gran circo
Fiestas Cartagineses y Romanos. Foto: Emilio Rubio Villanueva (CC BY-SA 4.0, recortada)

Cartagena ya tiene hoja de ruta para una de sus celebraciones más reconocibles. Carthagineses y Romanos 2026 se prepara para llenar la ciudad de recreaciones históricas, actos populares y una programación que vuelve a poner el foco en la participación de miles de festeros. La cita se celebrará del 18 al 27 de septiembre de 2026, con una edición que llega con una novedad muy esperada y con una idea clara: hacer aún más visible la fiesta dentro y fuera de los barrios.

La presentación oficial del cartel, obra de Natalia Lucas, ha servido para abrir la cuenta atrás con un mensaje muy concreto. La nueva imagen anuncia unas fiestas que recuperan el gran circo romano en el Cartagonova y que refuerzan su perfil inclusivo. Para quien vive en la Región de Murcia, septiembre vuelve a reservar diez días de calendario en los que Cartagena se transforma sin perder su pulso cotidiano, mezclando patrimonio, teatro popular, escenificaciones y una presencia vecinal que ya forma parte de la identidad de la ciudad.

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Una fiesta que vuelve a marcar septiembre

Carthagineses y Romanos no es solo una recreación histórica. En Cartagena funciona como una forma de contar la ciudad desde dentro, con una implicación ciudadana que crece cada edición y con un relato que mira a la antigüedad para reforzar el presente. La alcaldesa, Noelia Arroyo, ha resumido ese valor simbólico al recordar que la fiesta habla de los orígenes, la identidad y las raíces cartageneras. Y esa lectura se nota en la manera en que la celebración se extiende más allá de los días grandes, porque durante todo el año deja huella en la vida cultural y social de la ciudad.

La XXXVII edición llega, además, con un tono de consolidación. No se trata solo de mantener el pulso de otras convocatorias, sino de ampliar su alcance y de hacerla más accesible. El programa detallado pone especial atención en la accesibilidad universal, con servicios específicos pensados para que las personas con necesidades especiales puedan participar y disfrutar de los actos. En una fiesta tan multitudinaria, esa apuesta cambia la experiencia de quien asiste y habla también de cómo Cartagena quiere celebrar su historia: con más gente dentro, no con más barreras fuera.

A estas alturas, la fiesta ya no se entiende solo como una cita de recreación. Es también una manera de organizar la vida cultural de septiembre en la ciudad, de activar a las tropas y legiones, de implicar a vecinos y visitantes y de dar continuidad a una tradición que no deja de crecer. Quien siga la programación encontrará un calendario pensado para públicos muy distintos, desde quienes buscan los grandes actos hasta quienes prefieren el ambiente previo, la calle y el trabajo de las agrupaciones festeras.

El gran circo romano vuelve al Cartagonova

La gran novedad de esta edición es clara: el circo romano regresa al Estadio Municipal Cartagonova 17 años después. El próximo 23 de septiembre, a las 21:00 horas, el favor de los dioses volverá a ponerse en juego en un montaje que recupera una de las imágenes más recordadas de Carthagineses y Romanos. La vuelta a este escenario supone un cambio de peso en la programación, tanto por el espacio como por la escala del espectáculo.

La decisión no llega como un simple guiño nostálgico. El montaje se ha adaptado para proteger el césped y eso modifica la forma de verlo. No habrá acceso de animales al campo, ni caballos ni carros, de modo que la función se apoyará en figurantes, soldados y bailarines que realizarán evoluciones a pie. Ese ajuste no le quita ambición al espectáculo, más bien lo obliga a buscar otra gramática escénica, centrada en la mitología romana, las luchas de gladiadores, las acrobacias aéreas y los bailes.

¿Y qué gana el público con este regreso? Sobre todo, una puesta en escena que combina memoria y novedad. El Cartagonova permitirá acoger a más espectadores que en los últimos años y eso cambia la percepción del acto, que recupera un lugar emblemático sin renunciar a la protección del recinto. La organización ya ha anunciado que los ensayos se harán fuera del estadio para no dañar el césped, y que en septiembre se celebrará un gran ensayo general con todos los participantes. Las entradas, a precios populares, saldrán a la venta en los próximos días. Toda la información oficial sobre la fiesta y sus actos puede seguirse en la web del Ayuntamiento de Cartagena.

Lo que ya se sabe del programa de 2026

Aunque el calendario completo de la XXXVII edición se desplegará jornada a jornada, ya hay varias claves que ayudan a entender el tono de la celebración. La primera es la recuperación del gran circo romano, que marcará uno de los hitos más esperados de septiembre. La segunda es la apuesta por una fiesta más abierta, capaz de integrar a más público y de hacerlo con servicios pensados para facilitar la participación. La tercera es el papel que siguen teniendo las tropas, las legiones y el conjunto de festeros, más de 6.000 según la organización, como motor real de la programación.

El presidente de la Federación de Tropas y Legiones, Eduardo Conesa, ha puesto el acento en ese trabajo colectivo al explicar que la historia vuelve a ponerse en marcha cuando la fiesta arranca. Esa frase resume bien una celebración que no depende solo del cartel ni de los grandes actos, sino de una estructura humana que sostiene cada representación, cada desfile y cada cambio de escena. Sin ese tejido, Carthagineses y Romanos no tendría la misma fuerza ni la misma continuidad.

También hay una dimensión de ciudad que conviene no perder de vista. Cartagena no vive estas fiestas como algo aislado, sino como una parte reconocible de su calendario cultural y popular. Durante esos diez días, la celebración se deja notar en la calle, en los grupos participantes y en la conversación pública. Y eso explica por qué cada edición se sigue con tanta atención: no solo por lo que ocurre en los escenarios, sino por lo que activa alrededor.

Un espectáculo pensado para más público y más accesibilidad

La organización ha insistido en un aspecto que en otras fiestas todavía aparece como complemento y aquí se sitúa en el centro: la accesibilidad universal. El programa detallado incorpora servicios específicos para garantizar que las personas con necesidades especiales puedan participar plenamente en los actos. No es un detalle menor, porque en una celebración con tantos espacios, formatos y momentos distintos, la accesibilidad condiciona de forma directa la experiencia real de quien asiste.

Ese trabajo conjunto entre el Gobierno local y la Federación también habla de una forma de entender la fiesta. No basta con mantener la tradición; hace falta adaptarla para que siga siendo compartida. En una programación tan amplia, la inclusión no se reduce a un mensaje institucional, sino que se convierte en una medida práctica que puede cambiar la forma de vivir la fiesta desde dentro. Y eso, en una cita de este tamaño, tiene un impacto visible en la participación y en el ambiente general.

Además, el regreso del circo al Cartagonova amplía la capacidad de asistencia y recupera un acto que llevaba demasiado tiempo fuera de su escenario original. Ese movimiento tiene un valor simbólico, pero también práctico. Más público, mejor distribución y una puesta en escena renovada permiten que el espectáculo gane en escala sin perder su vínculo con la historia que representa. En una ciudad donde la fiesta histórica tiene tanto arraigo, esa combinación de memoria y adaptación resulta especialmente atractiva.

Cartagena, sus barrios y la fiesta que se extiende

La fuerza de Carthagineses y Romanos no se entiende solo desde el centro de Cartagena. Los barrios y las agrupaciones festeras forman parte esencial de la celebración, y eso se nota en la manera en que la fiesta se expande por la ciudad. El calendario de septiembre no se limita a una secuencia de actos aislados, sino que construye un relato compartido en el que participan muchas personas durante meses de preparación y diez días de visibilidad máxima.

Esa dimensión local es una de las razones por las que la cita ha ganado tanta presencia en el día a día cartagenero. La programación no se vive como un paréntesis, sino como una prolongación de la actividad cultural y social de la ciudad. Y para quien se acerque desde cualquier punto de la Región de Murcia, eso se traduce en una experiencia que mezcla historia representada, ambiente festero y una participación ciudadana que no se improvisa.

Llegar hasta Cartagena en esas fechas resulta sencillo para quien se mueve por la Región, y el interés no está solo en el acto central. Está también en cómo la ciudad se organiza alrededor de la fiesta, en el trabajo de las tropas y legiones, en la respuesta del público y en la capacidad de mantener viva una recreación que ya es parte de la imagen de Cartagena. Queda por delante una edición muy marcada por el regreso al Cartagonova, por la accesibilidad y por una programación que volverá a llenar septiembre de escenas romanas y cartaginesas. Y eso, en una ciudad que sabe convertir su historia en celebración, no es poca cosa.

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