El sábado 1 de agosto de 2026, Mazarrón recibirá una cita que mira de frente a la memoria sentimental de varias generaciones: el concierto de Duncan Dhu dentro de Mares de Papel 2026. La actuación empezará a las 22:00, con puertas abiertas desde las 21:00, y tendrá lugar en el Complejo Deportivo de Mazarrón. La entrada parte de 20 euros, y la organización ha previsto servicio de barra y food trucks para acompañar la noche.
La propuesta llega con una carga emocional muy concreta. Bajo el nombre de Duncan Dhu, Mikel Erentxun y su banda se presentan con un repertorio asociado a himnos que han crecido con el público, como «Cien gaviotas», «Casablanca», «En algún lugar» o «Esos ojos negros». No se trata solo de repasar canciones conocidas, sino de asistir a un concierto que se plantea como el cierre de una historia de 40 años. ¿Qué ocurre cuando un grupo que ha acompañado tantas biografías decide poner el punto final sobre un escenario? La respuesta está en el propio peso de esas canciones, que siguen teniendo una vida muy por encima de la nostalgia.
Un repertorio que forma parte de la memoria popular
Hay bandas que se escuchan y bandas que se quedan. Duncan Dhu pertenece a ese segundo grupo, al de los nombres que han acabado integrándose en la educación sentimental de varias generaciones de oyentes. Desde su fundación en Donostia en 1984, el proyecto se convirtió en una referencia para entender la evolución del pop-rock en castellano, gracias a una forma de escribir y de cantar que encontró pronto una identidad propia.
La fuerza de su repertorio no depende solo del recuerdo. Canciones como «Cien gaviotas» o «En algún lugar» han sobrevivido porque condensan una manera muy precisa de entender la melodía, la atmósfera y la emoción. En ellas conviven la inmediatez del pop, un pulso rockabilly en algunos pasajes y una sensibilidad literaria que ayudó a distinguir al grupo en una época en la que la escena española miraba hacia fórmulas más grandilocuentes. Esa combinación hizo que su música sonara cercana y, al mismo tiempo, singular.
En Mazarrón, ese cancionero aparecerá asociado a una idea muy concreta: la última vez. No es un detalle menor. Cuando un repertorio tan reconocible se anuncia como despedida, cada tema adquiere un valor adicional. Ya no se escucha solo como una canción popular, sino también como una pieza de cierre, como una parte de una biografía compartida que se ordena por recuerdos, discos, conciertos y escuchas sucesivas.
Mikel Erentxun y el peso de una historia compartida
Detrás del nombre Duncan Dhu está la figura de Mikel Erentxun, que ha sido durante décadas una de las voces más reconocibles del pop español. Junto a Diego Vasallo y Juan Ramón Viles, el grupo arrancó con una personalidad muy definida, marcada por una sonoridad acústica y por una escritura que bebía de referencias literarias, especialmente de Stevenson. Esa mezcla de imaginación narrativa y melodías limpias acabó dando forma a un universo propio.
Con el paso del tiempo, la trayectoria de Duncan Dhu fue ampliando su alcance sin perder el sello que lo convirtió en un grupo de culto con éxito masivo en Hispanoamérica. La voz de Erentxun y la profundidad compositiva de Vasallo se entendieron como dos caras de una misma sensibilidad, capaz de pasar del pop más directo a territorios más oscuros y de mayor riesgo. Esa dualidad es una de las razones por las que su obra sigue siendo tan reconocible hoy.
La cita de Mazarrón adquiere así una dimensión especial porque no se presenta como un simple repaso de repertorio, sino como el punto final a cuatro décadas de historia. Esa frase, lejos de ser un gesto promocional, sitúa el concierto en un lugar poco habitual: el de los cierres con carga simbólica, cuando un grupo decide despedirse con las canciones que han marcado su recorrido y el de su público.