Lorca vuelve a mirar al mundo con el Festival Internacional de Folklore Virgen de las Huertas, una cita que convierte la Feria Chica en un escaparate de música, danza y tradición compartida. Durante tres jornadas, la ciudad recibe agrupaciones de Ecuador, Francia, Georgia, Guinea-Bisáu, México y España en un encuentro que mezcla exhibición artística, convivencia y patrimonio cultural inmaterial.
La edición de 2026 llega, además, con un hito muy claro: el certamen alcanza su mayor participación internacional hasta la fecha y lo hace mientras Coros y Danzas Virgen de las Huertas celebra 40 años de historia. No es solo un programa de actuaciones; es una forma de entender la cultura popular como puente entre territorios, acentos y maneras distintas de celebrar la memoria colectiva.
En torno al Santuario de la Virgen de las Huertas, el festival se integra de lleno en el ambiente festivo de estos días y mantiene una relación muy estrecha con la vida cultural lorquina. Quien se acerque encontrará desfiles, galas, encuentros con el público y una programación pensada para salir del escenario y ocupar también las calles, las residencias y los espacios de convivencia de la ciudad.

Seis países, una misma celebración del folklore
La gran fuerza de esta edición está en la diversidad de sus participantes. Ecuador, Francia, Georgia, Guinea-Bisáu, México y España se dan cita en Lorca con propuestas que permiten viajar sin salir de la ciudad, siempre a través del lenguaje común de la música y el baile. Cada grupo aporta su propia mirada sobre la tradición, con repertorios que hablan de identidad, raíz y transmisión cultural.
Sobre el escenario de la Plaza Rey Sabio actuarán la Agrupación de Danza y Folklor Virgen del Quinche, de Ecuador; el Groupe Folklorique Pichoto Camargo de Mauguio, de Francia; la Compañía Nacional de Canto y Danza de Georgia Gurjaani; el Conjunto Nacional Folklórico Netos de Bandim, de Guinea-Bisáu; la Compañía del Instituto Superior de Educación Artística Calmeac, de México, y Coros y Danzas Virgen de las Huertas de Lorca como grupo anfitrión.
Ese diálogo entre formaciones no se limita a una sucesión de actuaciones. El festival se ha consolidado como un punto de encuentro en el que el público lorquino puede ver de cerca cómo se expresan otras culturas a través del folklore, con sus ritmos, sus vestuarios y sus maneras de entender la escena. ¿Qué mejor plan para una Feria Chica que dejarse llevar por esa mezcla de tradición local e ինտencionalidad internacional?